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La calidad de la traducción. ¿Cómo influye en la visión que se le da a la figura del traductor?

¿A qué nos referimos cuando hablamos de calidad en traducción? ¿Cómo logramos que una traducción sea de calidad?


Aunque la calidad de una traducción se puede medir a partir de una serie de criterios como la fiabilidad, la transparencia, la aceptabilidad, etc., e incluso el cumplimiento del plazo de entrega; es cierto que estos criterios pueden ser bastante subjetivos, pero serán los que definan si una traducción es de calidad o no. Además hemos observado que en muchas ocasiones en los medios de comunicación, la persona que juzga la traducción suele ser una persona sin ninguna formación en este campo y sin conocimientos acerca del mismo, y que por el mero hecho de hablar dos lenguas se otorgan a ellos mismos el derecho de juzgar si una traducción está bien hecha o no.


A menudo hemos detectado que traducir de una forma no literal está visto por las personas ajenas a esta profesión, como una falta de calidad cuando en realidad pasa justo lo contrario. La traducción es mucho más, va mucho más allá de trasladar palabra por palabra a otra lengua. Además, para ofrecer al cliente un producto de calidad se debe tener en cuenta el tipo de lector, lo que conlleva una adaptación del léxico, tono, registro, etc.


En el artículo escrito por el profesorde Traducción e Interpretación, Miguel Tolosa, en la Revista Traditori podemos ver un claro ejemplo de cómo influye la calidad de la traducción en la figura del traductor. Cuando se dice que una traducción es buena, casi siempre se está hablando de la traducción como si existiera por sí sola y casi nunca se suele reconocer que el traductor es bueno. Sin embargo, cuando se juzga una traducción que está considerada de mala calidad pasa justo lo contrario, «el traductor es malo» pero no la traducción. Siguiendo en la línea de lo anterior, en la entrevista digital del diario El País, la traductora María Teresa Gallego Urrutia reconoce que la labor del traductor está poco reconocida y que no nos damos cuenta de su valor. Explica que es una realidad que se va corrigiendo poco a poco pero, «aún queda camino por hacer…Es importante que el lector sepa que estamos ahí». Por estas razones pensamos que la falta de reconocimiento hacia la labor del traductor se debe en parte a los medios de comunicación, ya que si desde este medio se intentara concienciar al lector sobre esta actividad, en vez de criticar, la realidad sería distinta: se conseguiría reconocimiento en las obras, mejores pagas, etc.


Podemos observar que en las críticas literarias siempre se elogia al autor del libro, pero nunca se menciona la calidad de la traducción, importantísima labor que en muchos casos «arregla» el trabajo y vende más que el original. Además, es justo el traductor quien permite al autor que «salga de sus fronteras» y hace posible que las grandes obras sean accesibles a todos los lectores. Como ya hemos visto anteriormente, el traductor deja de ser un desconocido sólo en el momento en el cual la calidad de su traducción está considerada como mala.


 
 
el traductor... el director de orquesta 

 

«Es un trabajo parecido al del director de orquesta. El traductor se mantiene escondido detrás de un seto de palabras de otro, y rara vez se asoma, con una diminuta banderita sobre la que está escrito n.d.t., nota del traductor, casi siempre para explicar su trabajo, justificar la imposibilidad de traducir algún giro, un oscuro refrán croata, un concepto que en su cultura no existe. Hace falta una mezcla de dedicación, meticulosidad, acrobatismo y una cultura muy grande». Andrea Bocconi

«Vivimos en un mundo  traducido gracias a  excelentes  traductores anónimos.»
 Miguel Tolosa  
 «Aquel traductor profesional  o novicio, que no haya  cometido jamás un error,  que tire la primera piedra.»
 Miguel Tolosa 
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